Washington Irving y la Alhambra, 150 aniversario

La muestra, abierta al público desde el 2 de octubre de 2009 hasta el 28 de febrero de 2010, se celebra en la Capilla y Cripta del Palacio de Carlos V de La Alhambra. Incluye un total de 189 piezas entre cuadernos, retratos, enseres personales, grabados y primeras ediciones de algunas obras, que acercan al visitante a la figura del escritor norteamericano y a su visión de la Alhambra y de la Granada decimonónica.

Con motivo de la conmemoración del 150 aniversario de la muerte del escritor, la exposición rinde homenaje “al hombre que supo soñar la Alhambra y contarle ese sueño al mundo”, en palabras de la consejera de Cultura, Rosa Torres.

La muestra se articula en torno a cuatro grandes ámbitos: El retrato del artista; El viaje a España; Granada; y la Alambra: el palacio encantado, secciones desde la que se recrean el viaje romántico del norteamericano y las experiencias que su itinerario por el país le proporcionó.

Según Mª. del Mar Villafranca Jiménez, Directora del Patronato de La Alhambra y el Generalife: La Alhambra que Irving visita en 1829 era una propiedad periférica de la monarquía española, que a excepción del sector de los palacios nazaríes, estaba abandonada a su suerte por unos gobernadores en los que la conciencia social del patrimonio aún no había arraigado. Degradada y destruida en gran parte tras la invasión francesa, su imagen ofrecía una amarga realidad por mucho que en la estética del romanticismo alcanzara la categoría de exótica ruina. El paisanaje que la habitaba tampoco contribuía a su dignificación: miembros del cuerpo de inválidos, familias humildes que habían ocupado torres y espacios del recinto a los que el escritor bautizó con el apelativo de “hijos de la Alhambra”. La gran popularidad que alcanzaron los cuentos de Irving fue también la mejor campaña de difusión del monumento nazarí al que otorgó la cualidad de escenario prodigioso. Gracias a él y a otros muchos que llegaron tras él, la Alhambra es hoy uno de los monumentos más conocidos y visitados del mundo. Ahora hemos pretendido devolverle el recuerdo a un hombre que convirtió el conocimiento de la Alhambra en una experiencia de vida que supo transformar, con gran eficacia, en un imaginario orientalizante al que el monumento permanecerá vinculado desde entonces dotándolo de riqueza y diversidad.

En la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde yo estudié, durante los primeros años el libro de Washington Irvin “Cuentos de la Alhambra” era de obligada lectura. Además de ser un libro de los que deja un grato sabor de boca, es una manera excelente de entender la “arquitectura con mayúsculas” que nos ofrece La Alhambra. Llega pues, un merecido homenaje al escritor en el lugar desde el que soñó.

Fuente de fotos: elpais.es

Fuentes de texto: epa, elpais.es, alhambra-patronato.es

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